Al mirar la historia del ser humano, vemos cómo cambian las costumbres, los paradigmas o modelos a seguir, y con ellos, cambian los principios, los valores, las leyes, tratando de cobijar su mal proceder bajo trapos de inmundicia, como lo refiere el Libro del profeta Isaías 64-6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Nuestro cuerpo, cuerpo que es como vasija de barro, frágil, pero a la vez resistente, hecho por la mano de Dios.  Qué es el cuerpo para el hombre natural, lo definen como el conjunto de la estructura, anatómica y antropológica,  es el organismo de un hombre o de una mujer. De la cabeza a los pies, debajo de la piel encontramos una estructura ósea, un aparato muscular, vasos sanguíneos, el sistema nervioso, endocrino, urinario, digestivo, respiratorio, reproductor, entre otros. En promedio un 65 % de la masa corporal del cuerpo humano adulto está representado por agua, que forma parte de la composición del cuerpo humano y de todo lo que lo constituye (la piel los músculos, los huesos y demás estructuras).

Para aquella persona que ha conocido a Dios, este cuerpo, fue hecho no solo por la palabra, como lo fue la creación que antecedió a Adán; cuerpo que con pocos o muchos años, grietas, arrugas, manchas, ES EL TEMPLO DEL DIOS VIVIENTE, ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Hoy, la humanidad rinde culto a aquel cuerpo que al mismo tiempo violenta, que al mismo tiempo mutila; rinde culto a su cuerpo, pero no lo ama, no lo cuida, sino que lo menosprecia, lo vende y compra como un objeto de placer, como un objeto de lujo, buscan la “perfección”, pero dicha perfección no es más que un reflejo de su poco amor propio, de la no aceptación de su identidad o sus formas, de sus etapas, de sus vivencias, reflejo de la negación de su historia.  Pero hoy la palabra de Dios sigue diciendo:

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; 
La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Proverbios 31:30”

“1 Corintios 6:18-20 18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca.  ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 

Vemos que esta subvaloración por la dimensión biológica, lleva incluso a la muerte, no solo fisiológicamente hablando, sino, espiritualmente hablando, el Señor Jesús nos invita a guardar nuestro cuerpo, ÉL QUIERE VER EN SUS HIJOS LA VALÍA DE SU CREACIÓN, dado que la plenitud del ser, y en ella como dimensión integral, esta el cuerpo, cuerpo que Dios ha hecho perfecto, mujeres y hombres llenos de características que nos hacen completos, recordando lo que dice la carta a los Colosenses,“…PERO EL CUERPO ES DE CRISTO”.

Si la sociedad camina cada día en detrimento del cuerpo, el hijo y la hija de Dios caminan hacia el crecimiento, en el camino de perfección, que es Cristo, no maltratamos ni mancillamos esta preciosa vasija, donde la gloria de Dios se manifiesta de tantas formas, nuestro cuerpo, que atraviesa diversas etapas, y estas etapas las valoramos, las vivimos plenamente en Dios y lo honramos en ellas,  sabemos guardar y cuidar el cuerpo para Él.

La invitación, es a reflexionar, cómo estoy cuidando hoy mi cuerpo, la palabra nos recuerda cada día:

1 Tesalonicenses 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Hna. Diana Durango de Rodríguez

Esposa de Pastor